Columnas de opinión

Habitar el desacuerdo: el voto como defensa de la libertad y la democracia

Autor: Comunicaciones

28 de Mayo de 2026

Tiempo de lectura: 2 minutos

Carlos Escobar - Decano Ciencias Jurídicas y Políticas
A puertas de las elecciones de 2026, una reflexión sobre la participación ciudadana como forma de convivir y construir país desde la diferencia.

Por: Carlos Escobar Uribe
Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas 
Universidad El Bosque

Los lugares comunes tienen una virtud olvidada en tiempos de polarización extrema: suelen custodiar las verdades más evidentes y, por ende, las más propensas a ser ignoradas. Uno de esos lugares comunes afirma que la política es el espacio donde se concilian intereses antagónicos, ya sean morales, materiales o ambos. 

En una sociedad de ánimos crispados y trincheras retóricas e ideológicas, recordar esta obviedad no es un ejercicio académico menor ni un llamado simplemente edificante; es una urgencia de supervivencia colectiva.

La teoría política contemporánea nos advierte que el propósito de la democracia no es la supresión del conflicto, sino su domesticación institucional. La política transforma al enemigo —a quien se desea destruir— en un adversario legítimo con quien se debe debatir. Si despojamos a la democracia de su armadura burocrática y de sus procedimientos desgastados, lo que queda en su núcleo es la palabra. Las palabras constituyen el tejido conectivo indispensable de la vida comunitaria: ellas reemplazan la fuerza bruta, construyen sentidos compartidos y trazan los límites de nuestra convivencia. 

Construir escenarios de diálogo argumentado y deliberación democrática, es la respuesta más eficaz a la polarización de nuestra época. Cuando las urnas se abren, participamos en un ritual lingüístico masivo. Elegir un gobernante no es simplemente ungir a un líder; es renovar ese pacto social que nos aleja del miedo y de ese silencio ensordecedor que es, en sí mismo, la violencia.

La apatía electoral, tan comprensible cuando las opciones del tarjetón no satisfacen plenamente nuestras expectativas, constituye en realidad una forma silenciosa de capitulación. Desertar del debate es cederle el privilegio de definir nuestro destino a quienes prefieren el estruendo de las armas o la imposición autoritaria. 

Por ello, la premisa de que educar es educar en política cobra hoy un sentido radical. La universidad, como principal laboratorio de la razón pública, no busca adoctrinar en una ideología, sino prepararnos en la difícil destreza del disenso riguroso. Transformar la confrontación en diálogo entre diferentes, para edificar espacios donde cohabitar, es la ambición más alta de una sociedad civilizada.

Todo lo demás —la economía, el desarrollo técnico, el bienestar individual— viene después. Cualquier conquista social solo podrá ser concertada, compartida y disfrutada si primero garantizamos el suelo común sobre el cual pararnos a discutir. 

Salir a votar no es un acto de fe ciega en una promesa electoral; es un acto de defensa propia de nuestra libertad. Es la apuesta generacional por demostrar que el verdadero desafío de habitar un país no consiste en ganar una guerra cultural de aniquilación mutua, sino en lograr la hazaña histórica de que, desde la diferencia, quepamos todos.
 

Compartir noticia

Más Noticias

Te puede interesar

  • /sites/default/files/2025-04/Inscripciones.gif
    main_menu_inscripcions
    card-gif-sub-menu
  • /sites/default/files/2025-04/Programas.gif
    main_menu_programs
    card-gif-sub-menu
  • /sites/default/files/2025-04/Facultad.gif
    main_menu_faculties
    card-gif-sub-menu
  • /sites/default/files/2025-04/Vida%20Universitaria.gif
    main_menu_univers
    card-gif-sub-menu
  • /sites/default/files/2025-04/Nuestro%20Bosque.gif
    main_menu_ub
    card-gif-sub-menu
  • /sites/default/files/2025-04/Investigaciones.gif
    main_menu_investigation
    card-gif-sub-menu