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Autor: Comunicaciones
06 de Agosto de 2026
Tiempo de lectura: 4 minutos
Bogotá cumple años, y es una buena excusa para pensar en una pregunta que también le interesa a la ciencia del comportamiento: ¿qué hace que el civismo se sostenga en el tiempo? El profesor Gustavo Silva, PhD en Filosofía e investigador del Instituto de Neurociencias de la Universidad El Bosque, explica por qué el civismo no se decreta ni se castiga: se construye desde la cultura, el cerebro y las emociones.
Un bus de TransMilenio pone a prueba esa pregunta miles de veces al día. Ahí, los bogotanos deciden, sin pensarlo, si respetan una fila, ceden el paso o empujan para entrar — y es ese escenario el que usa el profesor Gustavo Silva para explicar su respuesta. Para él, todo el problema se resume en una observación: la infraestructura es exactamente la misma en toda la ciudad, pero el comportamiento de los usuarios no. Hay estaciones donde el ingreso y la salida de los buses son ordenados, y otras donde no, incluso con los mismos pasajeros, que entran a un tramo ordenado y salen a uno desordenado.
"No es tanto la infraestructura, es más bien la manera en la que percibimos el ambiente y a las personas con las que estamos interactuando." Profesor Gustavo Silva |
Con esa lectura, el profesor Silva desmonta una idea muy extendida en el diseño urbano: que basta con construir bien —tener espacios bonitos, buena infraestructura— para que la gente se comporte bien.
La Encuesta Bienal de Cultura Ciudadana 2025, de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, muestra algo contradictorio: el orgullo por la ciudad subió de 52,6 % en 2023 a 68,8 % en 2025. El 69,2 % de los bogotanos reconoce haber presenciado evasión de pasaje en TransMilenio, y más de seis de cada diez han visto tanto vehículos invadiendo zonas prohibidas como peatones cruzando fuera de los puentes peatonales.
Ese mismo patrón —sentimiento positivo que no garantiza comportamiento— podría repetirse con el Metro antes incluso de que abra sus puertas: con la primera línea proyectada para 2028, la misma Encuesta Bienal muestra que el 70,6 % de los bogotanos ya manifiesta disposición a usarlo y el 65,1 % lo considera necesario para la ciudad. El optimismo, señala el profesor Silva, sí genera una actitud positiva —"lo hemos esperado por mucho tiempo y lo vamos a querer mucho"—, pero advierte que el cerebro de los bogotanos ha sido moldeado durante años por una ciudad de trancones, muchedumbres y un frecuente "sálvese quien pueda". Si esa costumbre mental no se pausa primero, agrega, tampoco se van a pausar los malos comportamientos que hoy se ven en TransMilenio, ni los que empiecen a verse en el Metro.
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Silva encuentra en el metro de Medellín una pista sobre qué hace que un sistema de transporte pase de novedad a patrimonio cuidado. Cuando TransMilenio comenzó a operar en Bogotá, recuerda, generó una euforia inicial: la gente lo sentía nuevo, lo trataba con cuidado, disfrutaba usarlo. Esa lógica se fue perdiendo con el tiempo — es lo que pasa, dice, con cualquier cosa que deja de sentirse "estrenada". En Medellín, en cambio, el metro dejó de ser una novedad para convertirse en símbolo de identidad: "un objeto de orgullo, de prestigio, de lo que representamos", afirma. "Nosotros no estamos orgullosos de TransMilenio, a pesar de que nos ha ayudado muchísimo y ha sido un modelo para otras ciudades del mundo. Si llegáramos a estar orgullosos de él, lo cuidaríamos mucho más y nos comportaríamos distinto."
El profesor Silva lleva ese argumento más allá del transporte. "No es un problema de las alcaldías o las administraciones —insiste—, el problema es nuestro, y a veces lo primero que tenemos que hacer es reconfigurar nuestro cerebro, reconfigurar nuestros comportamientos."
Eso aplica igual cuando alguien decide que las normas de tránsito tampoco van con él. Un conductor con más de 35 comparendos volvió a circular por Bogotá después de que un vacío legal le permitiera salir de los patios, tras haber intentado subir su carro a un puente peatonal.
"Si la política pública solo está diseñada para tener castigos o, en otras ocasiones, recompensas, genera una estructura muy transaccional en los ciudadanos: aprendemos a explotarla." Profesor Gustavo Silva |
Para el profesor Silva, el episodio es la otra cara del mismo problema: no solo esa grieta normativa que impidió retener el vehículo, sino el tipo de cultura que una política basada solo en castigos termina generando.
Tampoco ayuda la respuesta del resto de la ciudad: la indignación que un caso así genera en redes sociales, explica, casi nunca se traduce en una acción real. "Se queda en la nube —dice el investigador—. Hay una disonancia entre lo que uno dice y lo que uno hace."
Esa misma contradicción, según el profesor, explica el problema de las basuras en la ciudad. Los puntos críticos de escombros y residuos en las esquinas, dice, responden a una lógica individualista: pensar en la propia comodidad y no en la comunidad, incluso cuando en redes sociales "todos somos ambientalistas". Hay también un círculo vicioso, explica, que remite a la teoría de la ventana rota, formulada por los científicos sociales James Q. Wilson y George L. Kelling: un entorno visiblemente deteriorado —basura acumulada, fachadas descuidadas— señala al cerebro que a nadie le importa cuidarlo, y esa misma señal invita a seguir ensuciándolo. La salida, insiste, pasa por recuperar la empatía por el otro y por la ciudad que se habita.
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Recuperar esa empatía, para él, es la base de lo único que sí puede sostener el civismo en el tiempo: las redes más orgánicas, como juntas de acción comunal, veedurías o vecinos que se organizan para arreglar un hueco en la calle sin esperar a que llegue alguien más. El problema es que ese tejido social se está desdibujando en Bogotá. Ya no conocemos a quien vive al otro lado de la pared del apartamento, y quienes sostienen hoy las juntas comunales son, en su mayoría, personas mayores; los jóvenes, señala, casi no participan. Por eso defiende que la cultura ciudadana se enseñe desde los colegios, no solo desde campañas de alcaldía, con las generaciones que van a heredar ese tejido social.
Este tipo de preguntas —qué hace que una norma se internalice, por qué el civismo se sostiene en unos lugares y se erosiona en otros— es el eje del Seminario Internacional Cultura, Mente y Acción, que se realizará el 6, 7 y 27 de octubre en Bogotá.
Entre los invitados confirmados están James A. Robinson, premio Nobel de Economía 2024, y Cass R. Sunstein, de Harvard Law School, junto a otros investigadores que llegarán a discutir cómo la cultura, la cognición y las emociones moldean la vida colectiva — los mismos temas que atraviesan esta nota.
Para Silva, lo más valioso de esas intervenciones será hacer conscientes a los bogotanos de sus propios sesgos: que buena parte de las decisiones —las suyas y las de quienes diseñan política pública— no son tan racionales como se cree. Eso, dice, les sirve especialmente a los tomadores de decisión, porque les permite construir política pública desde cómo la gente realmente se comporta, no desde cómo debería comportarse en teoría.
Antes de que lleguen los investigadores internacionales hay un paso importante: los eventos preparatorios, el 14 de agosto y el 21 de septiembre, en el Auditorio Fundadores de la Universidad El Bosque. Son gratuitos, y participar en al menos uno es requisito para asistir al Seminario en octubre — pero no son un simple trámite de inscripción.
Inscríbete al Seminario Cultura, Mente y Acción Universidad El Bosque · 6, 7 y 27 de octubre → |
A diferencia de una conferencia convencional, explica el profesor Silva, la apuesta es que investigadores, estudiantes, funcionarios y ciudadanía construyan juntos, en esos preparatorios, un banco de preguntas sobre los problemas reales de Bogotá. Ese banco se entrega a los ponentes al menos 15 días antes de su llegada, para que sus intervenciones respondan directamente a esos interrogantes — ahí es donde se define, en buena parte, sobre qué va a hablar realmente el Seminario.
Este encuentro es organizado por el Instituto de Neurociencias de la Universidad El Bosque, la Alcaldía Mayor de Bogotá, la Universidad Nacional de Colombia, la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, la Universidad EAFIT y la Pontificia Universidad Javeriana, con la participación de investigadores de Harvard, Columbia y Carnegie Mellon. Abrir esta conversación es, para el docente, el objetivo real del Seminario.
"El cambio cultural arranca por nuestras mentes, por nuestra cabeza, por nuestro cerebro." Profesor Gustavo Silva |
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