Columnas de opinión

Evaluar para avanzar: cómo convertir el desempeño en una oportunidad de desarrollo

Autor: Comunicaciones

29 de Octubre de 2026

Tiempo de lectura: 4 minutos

Oliver Pinto- Coordinador organizacional Talento Humano
En nuestro ciclo de evaluación, Oliver Pinto, coordinador organizacional de Talento Humano, destaca el valor de la retroalimentación y los acuerdos para impulsar el crecimiento profesional.

Por: Oliver Pinto Naranjo
Coordinador Organizacional - Talento Humano

La evaluación del desempeño adquiere verdadero valor cuando deja de ser el punto de llegada y se convierte en el punto de partida de una ruta de desarrollo. Esta evolución implica pasar de una actividad centrada en medir a una gestión continua que integra la evaluación, las conversaciones de retroalimentación, la definición de acciones de desarrollo y el seguimiento.

La evaluación permite reconocer los resultados alcanzados, identificar fortalezas y comprender aquellos aspectos que pueden potenciarse. El líder y el colaborador pueden observar el desempeño desde perspectivas diferentes, y esa diferencia puede ser el comienzo de una conversación valiosa.

En este proceso, la retroalimentación ocupa un lugar central. A través de ella podemos reconocer contribuciones, aclarar expectativas, identificar barreras y transformar una observación en una posibilidad concreta de acción.

La conversación de retroalimentación es una invitación a coordinar acciones y construir compromisos. Desde esta perspectiva, conversar sobre el desempeño no consiste solamente en intercambiar opiniones: significa formular solicitudes, establecer acuerdos y asumir compromisos que permitan producir algo valioso en conjunto.

Es en el trabajo cotidiano donde las capacidades se ponen a prueba y se fortalecen: al asumir un proyecto retador, resolver un problema nuevo, participar en una decisión, recibir orientación oportuna, observar a alguien con mayor experiencia, ensayar una forma distinta de actuar y aprender de los resultados. El desarrollo ocurre cuando el trabajo deja de ser únicamente un conjunto de tareas y se convierte también en un espacio intencional de aprendizaje y mejora continua.

El plan de desarrollo no debería limitarse a una lista de capacitaciones. Puede incluir nuevas responsabilidades, participación en proyectos, mentorías, acompañamiento del líder, espacios de práctica o experiencias que permitan aplicar lo aprendido. La pregunta esencial no es solamente ¿qué formación necesita esta persona?, sino ¿qué experiencia de trabajo puede ayudarle a desarrollar la capacidad que necesita?

El seguimiento permite mantener vivos estos acuerdos. Las conversaciones breves y periódicas ayudan a reconocer avances, ajustar acciones y superar obstáculos. Acompañar significa estar disponible, ofrecer orientación y crear las condiciones para que la persona pueda avanzar.

Gestionar el desempeño es, en últimas, convertir el trabajo en una oportunidad continua de aprendizaje y mejora. La evaluación aporta información; la conversación le da sentido; los acuerdos la transforman en acción, y la experiencia cotidiana permite que esa acción se convierta en desarrollo.

Quizás, entonces, la pregunta más importante al finalizar una evaluación de desempeño no sea ¿qué calificación obtuvimos?, sino ¿qué conversación generamos, qué compromiso asumimos y qué oportunidad de aprendizaje construiremos para seguir mejorando?

 

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