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Autor: Comunicaciones
20 de Octubre de 2026
Tiempo de lectura: 7 minutos
Una mujer de 68 años vive en una zona rural. Tiene diabetes e hipertensión y cuida sola a dos nietos. Un día va al médico y sale con una lista de medicamentos, una dieta estricta y varias recomendaciones. En la siguiente consulta, el profesional descubre que no ha seguido casi ninguna.
La conclusión fácil sería que la paciente no colaboró. Pero al escuchar su historia aparece otra versión: para llegar a los controles debe caminar varias horas; algunos alimentos recomendados no existen en su comunidad; y cuando tiene que elegir entre comprar sus medicamentos o alimentar a sus nietos, la decisión no es difícil.
Este caso no es real — es un ejemplo que construyeron dos expertas para ilustrar algo que ocurre con frecuencia en Colombia. La pregunta que plantea no es menor: ¿qué significa, realmente, atender bien a una persona?
La doctora Lina María Vargas Escobar y la doctora Genny Fuentes trabajan esa pregunta desde la Facultad de Enfermería de la Universidad El Bosque — una como directora del Programa de Enfermería y la otra como editora de la Revista Colombiana de Enfermería. Las dos coinciden en un punto de partida: el conocimiento científico no transforma la salud de las personas por el solo hecho de existir.
“El verdadero desafío es lograr que ese conocimiento dialogue con la realidad de las personas”.
Dra. Lina María Vargas Escobar
Ese diálogo no está garantizado. Las recomendaciones de salud se construyen, en general, para contextos ideales. En la vida cotidiana, en cambio, intervienen factores que ningún protocolo anticipa: las condiciones económicas, la cultura, las dinámicas familiares y las dificultades para llegar a un servicio de salud. Cuando la evidencia no se adapta a ese contexto, el conocimiento existe, pero no transforma realidades.
Esto explica algo que los profesionales de salud conocen bien y pocas veces se nombra: a veces se hace todo bien y aun así no funciona. No porque el diagnóstico esté equivocado, sino porque “un tratamiento puede ser técnicamente correcto, pero imposible de cumplir si el paciente no tiene recursos, apoyo familiar o tiempo, o si las recomendaciones no son compatibles con su cultura o su forma de vida”, dice la Dra. Genny Fuentes. Por eso, agrega, es necesario integrar la evidencia científica con la experiencia clínica y con las necesidades y preferencias de cada persona. La salud es un fenómeno humano y social, no únicamente biológico.
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En Colombia esa tensión adquiere una dimensión particular. El país es profundamente diverso: grandes centros urbanos, territorios rurales dispersos, comunidades indígenas, afrodescendientes y poblaciones con realidades sociales muy distintas. Lo que funciona en una clínica de alta complejidad en Bogotá puede no servir en una comunidad con recursos limitados. Y salir del entorno clínico lo cambia todo: fuera del consultorio, las personas no viven como pacientes; viven como madres, padres, trabajadores, cuidadores. Sus decisiones sobre salud están atravesadas por la cultura, las relaciones sociales, el territorio.
Producir evidencia es más sencillo que llevarla a quienes más la necesitan. El campo de la salud en Colombia lleva años intentando cerrar esa brecha: ha crecido el interés por incorporar la investigación a la práctica clínica, ha aumentado el trabajo interdisciplinario y más profesionales participan en procesos de formación continua. En América Latina se han creado redes de investigación y programas de transferencia del conocimiento. Pero el gran vacío persiste: involucrar activamente a pacientes, familias y comunidades en la construcción de soluciones sigue siendo la deuda más difícil de saldar.
Desde un enfoque distinto, el equipo de salud no llega con un plan, llega con preguntas. ¿Cuáles medicamentos puede conseguir? ¿Qué alimentos tiene disponibles? ¿Quiénes la acompañan? ¿Qué tan difícil es llegar a los controles? A partir de ese diálogo, las recomendaciones se simplifican y se ajustan a lo posible. La familia entra en el proceso. Se identifican prácticas de autocuidado que ella puede sostener y se fortalece el vínculo con los servicios locales para que el seguimiento ocurra cerca de donde vive. El cuidado deja de ser una serie de instrucciones y se convierte en algo construido con ella.
“Lo verdaderamente transformador es que deja de ser vista como alguien que incumple un tratamiento y pasa a ser reconocida como una persona con una historia, una familia y unas circunstancias que deben formar parte de las decisiones sobre su salud”.
Dra. Lina María Vargas Escobar y Dra. Genny Fuentes
Esa transformación tiene un método. Las Guías PRAXIS — instrumento de la Red PRAXIS de la Fundación Index — proponen una manera específica de llevar el conocimiento a la práctica real. No empiezan resumiendo investigaciones: empiezan con un caso real, formulan una pregunta basada en lo que ocurre en la práctica, analizan la mejor evidencia disponible y, antes de cerrar, construyen prácticas de autocuidado con las personas y comunidades a las que van dirigidas.
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Lo distintivo no es solo el proceso: es quién participa en él. Pacientes, familias y cuidadores dialogan sobre las recomendaciones, identifican qué las hace difíciles de cumplir y sugieren prácticas desde su experiencia para hacerlas viables. Esa interacción permite traducir el lenguaje técnico a algo que las personas puedan usar.
“Cuando esa voz entra en la guía, el conocimiento deja de ser exclusivamente académico y se convierte en una herramienta útil para la vida cotidiana”, dice una de las doctoras.
Los efectos son medibles. La evidencia internacional muestra que los modelos de atención centrados en la persona se asocian con mayor adherencia a los tratamientos, reducción de hospitalizaciones evitables y mejores resultados clínicos y emocionales. También favorecen algo más difícil de cuantificar: procesos de toma de decisiones compartidas, en los que el paciente no solo recibe indicaciones, sino que participa activamente en las decisiones sobre su propia salud.
“Una buena atención en salud no depende únicamente de que el profesional sepa mucho”, dice una de las expertas, “sino de que ese conocimiento pueda adaptarse a cada persona. Cuando la ciencia se combina con la experiencia humana y con las necesidades de la comunidad, las recomendaciones tienen más posibilidades de funcionar”.
Esa es la pregunta que la Universidad El Bosque — desde sus facultades de Enfermería, Medicina, Psicología, Odontología y Ciencias — lleva años respondiendo. Por ello, nos unimos a la Red Internacional PRAXIS, y recibimos el reconocimiento como Centro PRAXIS el 9 de julio de 2026, evidenciando nuestro compromiso con una práctica basada en evidencia real.
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